¿Sirve hablar sobre literatura patagónica? Algunas reflexiones provisorias de un debate trasnochado

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Comienzo la lectura de Final de novela en Patagonia, de Mempo Giardinelli[1], y al quinto párrafo la sorpresa frena el recorrido y me obliga a escribir. Las opiniones encontradas de varios lectores que me merecen el más profundos de los respetos me generó la ansiedad de conseguirla; ahora que finalmente la tengo conmigo debo –repito- detenerme porque no me esperaba, desde el inicio de la diégesis, que me presentaran una estampa de la Patagonia tan pigafetteana, tan anacrónica para mi punto de vista, tan… repetida desde la mirada extrañada. Dice el narrador:


La Patagonia nos parecía tan fascinante y misteriosa que preferíamos no estar preparados para lo que nos ofreciera. Lo excitante era precisamente no saberlo todo. (…). Al contrario, habrá que improvisar y la magia del momento estará basada en la sorpresa y en lo impensado… (p. 17)


Luego de estas reflexiones (cabe aclarar: frente al Paraná, inundado por la nostalgia de la tierra que se deja y que se presiente ausente durante un largo tiempo), el narrador y su amigo madrileño emprenden el viaje hacia “el mero fin del mundo” con un auto en absoluto preparado y sólo $2000 de fondo común, ya que –consideran- “con una camioneta 4x4, mucho dinero y tiempo de sobra, cualquiera puede recorrer la Patagonia”.

No es mi intención en este momento analizar la novela de Giardinelli ni mucho menos. Sólo sirva esto como ejemplo de cómo la lectura de un texto trajo a mi memoria este viejo debate entre poetas y críticos acerca de qué es, en definitiva, “la” Patagonia; qué se entiende por literatura patagónica (a contraluz del discurso que se mantuvo en los círculos literarios regionales durante un tiempo ya pretérito y sobre el cual, como corresponde, despotricamos hoy), y qué marcas debería tener un relato o un autor para ser incluido en esta categoría.

Este “discurso pretérito” es el que probablemente circule todavía en el imaginario de muchos argentinos alejados de esta región. Miro de reojo la tapa de la novela y aparece, graficado, este manojo de lugares comunes que intentan definir a un territorio desde lo geográfico y lo social: una fotografía cuyo magnífico fondo muestra al Chaltén contra un cielo límpido de celestes y azules perfectos; hacia las faldas del cerro, el desierto árido; una ruta sin asfaltar que tiene su origen en algún punto remoto imposible de ver en la fotografía (no hay curvas, no hay puentes, no hay animales ni humanos: la planicie en su estado puro) y, sobre ella, dejando atrás una nube predecible de humo terroso, un auto pequeño, rojo, imposible de disimular en esa vastedad de azules, grises y unos pocos tonos de verde oscuro. Muchas piedras, también, y entonces uno recuerda los propios viajes por estos páramos, y hasta parece escuchar (ya en el colmo de la estereotipación) el ruido de las piedras chocando contra el metal del vehículo. Una Patagonia desierta, sin gente que forme grupos de gentes, que visite a otras gentes o que cuestione conflictos propios de los grupos de gentes: sólo la mirada testigo del foráneo que se deslumbra ante tanta naturaleza virgen. Pigafetta, Darwin, los salesianos: ninguna de estas miradas distaron mucho entre sí.

En ese discurso esclerosado acerca de la Patagonia muchos escritores regionales encontraron inspiración. Poesías, novelas y relatos varios con un componente paisajístico fundamental son los que abundaron durante décadas en bibliotecas de ministerios estatales, de escuelas públicas y de casas de familias honorables. Relatos pioneros sobre pioneros y (pareciera que) para pioneros. No hablamos ya de dataciones temporales; es posible encontrar relatos “pioneros” (en el sentido de reproductores de este discurso) fechados en el presente. Son en su mayoría relatos tranquilizadores en los que los mayores peligros a los que se enfrentan los peones (pocas veces los dueños de la tierra) son el frío, el viento, la escarcha o algún animal salvaje. A lo sumo, el cuchillo brillante del contrincante cuando el mismo peón se trenza en duelo, de noche, por el orgullo. Para muchos lectores y escritores, éste es el tipo de literatura genuinamente patagónica. Color local como base y estructura de escrituras que no problematizan con el discurso antaño instaurado.

Pero por otro lado existen también, aunque no cuenten con la misma difusión que los anteriores, textos producidos en esta región que se escapan de este molde prolijo. Experimentaciones con el lenguaje, construcción de nuevos sentidos, discusiones con los discursos hegemónicos heredados: todo ello confluye en la escritura de autores que pugnan por encontrar la identidad artística de sus textos antes que la geográfica. Enunciación y posicionamiento ante conflictos sociales, arreferencialidad de los espacios “símbolo” de la región, introspección en el individuo que busca su propio lugar antes que incorporarse a un grupo, borramiento de las coordenadas espaciotemporales en pos de universalizar los sentimientos y las ideologías: son las cuestiones fundantes de los nuevos textos de poetas patagónicos que transitan sin que las fronteras sean límites precisos; antes bien, son lugares de intercambio de la tradición, de las estéticas y de las historias. Puro sentimiento humano que trasciende estereotipos y masificaciones en escalas, incluso la de la nacionalidad. ¿Apátridas? No. Muy por el contrario, ciudadanos ilustres de la patria poética que poco sabe de geografías.

Más allá de la cuestión de la “calidad literaria” (tema áspero que seguramente discutiremos en otra oportunidad), me parece importante resaltar en estos dos grupos de textos la adhesión o el rechazo que generan tanto en lectores como en escritores. ¿Cuáles son más o menos “merecedores” de la etiqueta “Patagónicos”? Categorizarlos de esta manera, ¿es un triunfo para el escritor, es una mácula, es una afrenta o un reconocimiento? ¿Cuáles de estos (por lo menos dos) grupos cuenta con más lectores? ¿Cuáles son reconocidos por los entes oficiales (escuelas, bibliotecas o ministerios)? ¿Quiénes determinan si, en efecto, son representativamente patagónicos? ¿Cuántos discursos acerca de “lo” patagónico conviven actualmente en la región?

Quizás un primer paso para avanzar en esta discusión (que considero necesaria y enriquecedora desde todo punto de vista) sea despojarnos del supuesto de que juntos, escritores y lectores críticos, podremos resolverla. En charlas y reuniones con poetas locales me percaté de que poco y nada les interesa ahondar en estos temas; discutir sobre qué es la literatura patagónica no les es funcional a la hora de producir. Sin embargo, aquéllos a quienes nos interesa delimitar campos y analizar corpus textuales y discursivos, nos es imperativo buscar algún tipo de definición al respecto. Pero someter a los escritores a estos debates parece, en principio, poco productivo para ambos grupos. Las urgencias de los poetas están depositadas en otras expectativas de cambios y dilucidaciones, tienen otro ritmo, otros horizontes. Para la crítica, en cambio, todos estos interrogantes son fundamentales, y ello probablemente se deba a que la pulsión del origen la reclama. Más que “fundamentales”, entonces, estas preguntas son fundantes en una crítica nueva que busca su lugar en los campos de discusión activa del saber.

Y aún más allá de estas cuestiones que hacen a la dinámica de escritura literaria y lectura especializada, más allá de los debates académicos y de las charlas “en los márgenes”, están los lectores que buscan identificarse con el discurso de uno u otro grupo. Lectores que buscan leer, simplemente, y a los que tampoco les interesa sobremanera si estas cuestiones se zanjean o si llegan a buen fin. Es por ello que paralelo a los análisis que podamos efectuar, es necesario promover las lecturas y por ello mismo también las escrituras que respondan a distintas estéticas, arraigadas a o discutidoras con la tradición.

Me refiero a que “nuestras” lecturas deberían tener especial interés en promover otras aún más críticas y acertadas, lecturas que hoy están en germen y que buscan referencias para seguir creciendo y ahondando en los sentidos que entregan las producciones literarias. En un estado ideal de cosas, lo esperable sería que haya producción para satisfacer tanto a aquéllos que buscan identificarse con constructos semánticos de discursos ya establecidos como a los que buscan algo diferente, renovado, en diálogo constante con otras identidades literarias. Para poder elegir a conciencia, es necesario conocer las posibilidades. Automatizar las selecciones, mecanismo para el cual el estado ha elaborado dispositivos que han funcionado durante años –basados sobre todo en la omisión de “los otros”, los conflictivos, los que reniegan del viento y de las bondades de la tierra-, es un error que debemos desterrar por nosotros y por los que vienen. No toda la literatura patagónica es igual ni todos los textos dicen lo mismo, lo sabemos. Pero ¿lo saben todos? Pues, deberían. Lecturas y escrituras amplias y despojadas de conceptos crípticos sobre la literatura y la región es lo que se necesita, sin dudas. Multiplicidad de voces, primero, para definir en qué consiste la literatura de, en y sobre la Patagonia, después.


[1] Giardinelli, Mempo; Final de novela en Patagonia; Ed. Byblos; Barcelona, 2006. Novela distinguida en el año 2000 con el premio “Grandes Viajeros” de dicha editorial

7 comentarios:

Sergio Sarachu dijo...

Buena entrada al tema Moro! Coincido en la mayoría de los puntos que abordás y se me vino una charla que una vez tuve con un ex jefe militar de los republicanos, exiliado en Neuquén y monologante de largas trasnoches. Don Valeriano Vasilio Marquina (héroe en la batalla de Teruel)decía que luego de algunos años ya era patagónico. Lo era porque la relación con el entorno había pasado la etapa del deslumbramiento o rechazo; del coqueteo; del enamoramiento; de los nacimientos y ahora marchaba hacia los pequeños hartazgos y quizá el divorcio por parte de él. El paralelismo con una pareja era muy cómico, especialmente por enmarcarse en una voz con enormes ecos de zetas, túes y vosotros.
Voy a lo entendible que me parece la escritura sobre la Pat. de alguien que está en la etapa del deslumbramiento (caso Mempo, que ha estado mucho por aquí, pero nos sigue viendo desde allá) o de los enamoramientos a-críticos. (sucede lo mismo cuando por primera vez llegamos a BsAs, al mar, a las cataratas, a la villa 31 o a Turbio).
Por eso siempre prefiero decir literatura en Pat. porque sería como decir en pareja, y con varios años de convivencia. Porque aún con los años nos deslumbra el amor y las caricias al trasluz; como la terquedad del viento, la inmensidad de desierto y silencio, el derecho a réplica que siempre tiene la arena, los fusilados, los choconazos, la fruta fina, etc. etc. etc.
Y como cada pareja o experiencia de pareja es un mundo, coincido en la necesidad de multiplicidad de voces! Ahora bien: estar en ¿nos hace mejores, nos hace más? creo que sólo nos da el marco, el sudor en algunas palabras, el gusto magro de algunos textos, el cuerito crocante de imágenes kusanoviadas...
Escribir en plena nevada nos hace poetas patagónicos? "echarle leña a la lluvia" tiene nuestro sabor? "quién es el extranjero, yo o el viento?" dice Raúl Mansilla en Patagonia.
Y adónde voy con esto? creo que a esta altura, agarré la 40 y alguien (vos o algún/una colega me sabrán decir qué viene después del médano...

reflexiones trasnochadas de un debate provisorio

Buena propuesta la tuya Moro, como siempre
Todos los abrazos

Salieri de Girondo dijo...

¿De quién es esa pata derecha marcada doblemente en la arena?

Anónimo dijo...

dice rosa (nicolás) que la crítica debe leer aquello silenciado, nuestra tarea no es ser cómodos y transitar los confortables caminos de las modas y embelecos, para eso está el canon...nos pegarán palos, nos discutirán, pero callarnos, nunca. no será sin duda una estrategia eficiente para hacer amigos, más bien todo lo contrario
claudia

Letronauta dijo...

MUY DE ACUERDO CON TUS DESACUERDOS. ESPERAMOS QUE DESDE LA "PRO-LETRARIOS" NO CAIGAMOS EN ESOS LUGARES (COMUNES) QUE DESDE DISTINTAS INSTITUCIONES HAN, DE CIERTA MANERA, INSTAURADO UNA MIRADA CIEGA, INÚTIL DE LA LITERATURA EN/DE/SOBRE PATAGONIA.

Letronauta dijo...

Moro, gracias por tus gratos comentarios hacia nuestro humilde proyecto. Desde ya, te haremos llegar, si gustas, un ejemplar del nº 1 de nuestra revista, que verá la luz dentro de unas semanas. Estamos trabajando duro y parejo para que todo salga relativamente bien. Salvo imprimir, nos ocupamos de todo, incluso de la diagramción. Ojo, sólo somos estudiantes de la carrera de Letras. Hace unos meses no sabíamos ni como abrir un blog. Hoy, como resultado de apretar y apretar teclas, hemos mejorado un poquito (un poquito nomás, je). En nuestra publicación incluiremos, entre otras cuestiones, trabajos realizados por chicos de escuelas secundarias. En caso de que tus alumnos y vos tengan interés en publicar algo, sólo bastará con que nos avises. Nuestras direcciones de mail, que están en algún lugar del blog, son revistaproletrarios@gmail.com y revistaproletrarios@hotmail.com. Nos alegra que te hayas sumado como seguidora de nuestra pro-le. En cuanto al intercambio de información y demás, te decimos que cuentes con nosotros para todo aquello en lo que podamos ser útiles. Los letrosos te enviamos un abrazo colectivo desde la lejana Letrodelfia (ciudad a la que sólo son capaces de ingresar los que sienten las letras).

ovejacompleja dijo...

y bueno
soy tu prima
me duele la muela x la !"#$%&/(
fui por mis cronicos dolores lado izkierdo
y el otorrino me mando a la dentista
y se veia joven y tierna
y me hizo mierda el dia!
me puso 3 veces anestesia!
y yo sin desayunar
parecia q bailaba en la mañana por el hospital
dancing in the dark
mr bruce

ovejacompleja dijo...
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